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Rabietas: qué hacer mientras están ocurriendo

Una rabieta no es una avería ni una prueba de fuerza. Es lo que ocurre cuando un niño tiene más intención que recursos para gestionarla. Saber eso no la acorta, pero cambia bastante lo que haces mientras dura.

¿Por qué los niños tienen rabietas a esta edad?

Entre los dos y los cuatro años el niño ya sabe lo que quiere y todavía no tiene lenguaje ni control suficientes para conseguirlo o para tolerar que no sea posible. Esa distancia es exactamente donde aparece la rabieta.

Por eso se concentran en esta franja y por eso bajan solas con el tiempo, aunque no se haga nada especial: lo que crece es la capacidad de regularse, no la obediencia.

Que un niño tenga rabietas frecuentes no dice nada sobre la crianza. Lo que sí dice algo es qué pasa después, no que ocurran.

¿Por qué no sirve razonar en pleno estallido?

Durante el pico, el niño no está procesando argumentos. Hablarle mucho añade estímulo a un sistema que ya está desbordado.

Las explicaciones largas suelen alargar el episodio. Frases cortas, tono bajo y pocas palabras funcionan mejor que cualquier razonamiento.

Tampoco es el momento de enseñar. La parte educativa llega después, cuando el niño puede volver a escuchar.

¿Qué ayuda de verdad durante la rabieta?

Estar cerca y seguro. Quedarse a la vista, sin sujetar más de lo necesario para evitar daños, transmite que la situación está contenida.

Nombrar lo que pasa en pocas palabras: "estás muy enfadado". No para que se calme al instante, sino para que el estado tenga nombre.

Y reducir estímulos: menos luz, menos gente, menos preguntas. Cambiar de sitio a un lugar más tranquilo suele hacer más que cualquier frase.

¿Qué decir cuando ya ha pasado?

Espera a que el cuerpo se haya calmado del todo. Volver al tema demasiado pronto reabre el episodio.

Después basta con una frase que ponga nombre y una alternativa: "querías el rojo y no había; la próxima vez puedes pedírmelo". Sin sermón.

No hace falta cerrar cada rabieta con una lección. Muchas se resuelven simplemente pasando página, y el aprendizaje llega por repetición.

¿Qué hacer cuando pasa en público?

Decidir de antemano qué vas a hacer ayuda más que improvisar con público delante. Salir del sitio unos minutos suele ser la opción más rápida.

La mirada ajena presiona a resolverlo deprisa, y esa prisa es la que lleva a ceder o a levantar la voz. Ninguna de las dos acorta el episodio la próxima vez.

Si vas a un sitio donde suele ocurrir, avisa antes de entrar de qué se puede y qué no. Anticipar reduce bastante la frecuencia.

Preguntas frecuentes

¿Hay que ignorar las rabietas?
Ignorar la conducta no es lo mismo que ignorar al niño. Funciona mejor no reforzar la petición concreta mientras se sigue estando presente y disponible.
¿Cuántas rabietas al día son demasiadas?
Más que el número, mira la duración, si se hace daño y si mejora con la edad. Episodios muy largos y frecuentes después de los cinco años merecen consulta.
Cede si le doy lo que pide, ¿es tan malo?
Ceder resuelve hoy y enseña que este es el camino que funciona. Si vas a decir que sí, mejor decirlo antes de que empiece que en mitad del episodio.

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Esta es información general de crianza, no consejo médico ni diagnóstico del desarrollo. Si te preocupa el desarrollo de tu hijo, consulta con tu pediatra o con un especialista.